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La distancia con tu mamá: el error que cometemos al juzgarla — Constelaciones Familiares en México

Hablan cada semana y cuelgas con una sensación rara. O casi no hablan y también pesa. Puede que no haya un pleito grande, ninguna escena que contar, solo una distancia que lleva ahí tanto tiempo que ya parece parte del mobiliario.

Soy Miguel Contreras y quiero platicarte de eso, que es de lo que más llega a mi consultorio y de lo que menos se habla en voz alta.

Cuéntame cómo es con tu mamá

Primero: tu enojo tiene razón de ser

Empiezo por ahí porque si no, lo que sigue no se puede leer.

Si estás enojado con tu mamá, algo pasó. No te lo inventaste. Y he escuchado suficientes historias en veinticinco años como para no salir con que hay que perdonar y ya. Hay cosas que no se arreglan con buena voluntad, y hay madres que hicieron daño.

Lo que voy a proponerte no es dejar de sentir lo que sientes. Es otra cosa.

El error que cometemos con ella

Cuando alguien se te cierra en el tráfico, piensas que es un imbécil. Cuando tú te cierras, sabes que ibas tarde al hospital.

Ese doble rasero tiene nombre en psicología social: error fundamental de atribución. La conducta de los demás la explicamos por cómo son. La nuestra, por lo que nos estaba pasando.

Con la madre ese error se vuelve casi total, porque la conociste antes de tener la capacidad de imaginarle una vida propia. Para un niño, la mamá no es una mujer con historia: es el clima. Y así se queda archivada durante cuarenta años. Fría. Ausente. Absorbente. Adjetivos de carácter, no de circunstancia.

Una consultante me escribió una pregunta que resume el asunto: por qué mi mamá no me acepta.

Fíjate en la forma. La pregunta ya trae la respuesta dentro: porque es así.

Quién fue la mamá de tu mamá

Cuando alguien llega con esa pregunta, lo primero que hacemos no es hablar de ella. Es preguntar por su madre. Qué le tocó vivir. Qué edad tenía cuando la tuvieron. Si hubo alguien antes, si hubo alguien que faltó, si hubo un hijo que no llegó a nacer y del que no se habló.

Casi siempre aparece algo. Y no es una excusa: es información. Una mujer a la que nadie miró de niña tiene enorme dificultad para mirar a su hija. No porque no la quiera. Porque no aprendió cómo se hace.

En Constelaciones Familiares en México esa es la primera pregunta que hago cuando alguien llega con un tema de madre, y desacomoda a todo el mundo. Vienen a hablar de ella y les pregunto por otra mujer.

Ingala Robl trabaja en Secretos de familia justo esa zona: lo que no se dijo sigue operando, y suele operar sobre quien ni siquiera supo que había algo que decir. Muchas distancias entre madre e hija tienen adentro un secreto de hace dos generaciones que ninguna de las dos conoce.

Mark Wolynn, en Este dolor no es mío, lo lleva a terreno verificable: hay investigación sobre cómo el trauma severo deja marcas biológicas que aparecen en descendientes que no vivieron el hecho. No es metáfora ni consuelo. Es una de las razones por las que alguien carga algo que no le pertenece.

Lo que sostiene la distancia

Cómo se siente Qué suele haber detrás
Siempre tengo que cuidarla yo La hija ocupó el lugar de la madre de su madre. Un lugar que no le tocaba
Me da culpa estar mejor que ella Fidelidad. Crecer se siente como dejarla atrás
No me acepta como soy A veces mira a alguien más a través de ti. Un hermano suyo, una hija que no nació
No siento nada, ni enojo Un corte antiguo hecho para no sentir. Suele doler más que el enojo

La primera la veo muchísimo. Hijas que a los ocho años ya eran las adultas de la casa. Y el problema de haber ocupado ese lugar no es el pasado: es que se sigue ocupando a los cuarenta, con la pareja, con los amigos, en el trabajo, con todo el mundo.

La que se parece y la que juró no parecerse

Hay dos respuestas posibles a una madre con la que no se pudo, y las dos vienen de lo mismo.

Una es parecerse. La hija que hace exactamente lo que su mamá hacía, con las mismas palabras, y que se escucha decirlas y se espanta.

La otra es hacer lo contrario en todo. La que organizó su vida entera alrededor de no ser como ella. Si su mamá fue fría, ella es intensa. Si su mamá se quedó, ella se va.

Lo que casi nadie ve es que la segunda tampoco es libre. Estar en contra de algo también es estar atado. No está eligiendo su vida, está eligiendo el reverso de otra. Cuando alguien me dice con orgullo que no se parece nada a su mamá, casi siempre hay ahí algo que mirar.

Lorenz Wiest trabaja el reencuentro con los padres desde un lugar que me parece el correcto: no se trata de volver a ser hijo, se trata de dejar de estar peleando con una imagen.

Qué pasa en una sesión

No vienes a contarme tu familia. Vienes a verla puesta enfrente.

Acomodamos las figuras: tú, tu mamá, tu papá, tus abuelos maternos. No para juzgar a nadie, para ver hacia dónde mira cada quien.

Aparece con frecuencia la misma imagen: la persona de frente a su mamá, esperando, y la mamá mirando hacia atrás, hacia su propia historia, sin poder devolver la mirada. Verlo así, en una mesa, cambia algo que veinte años de explicárselo no cambiaron.

Noventa minutos. Ella no viene. Nos sentamos tú y yo.

Lo que esto no hace

Aquí tengo que ser muy claro, porque es donde más se malentiende.

Una constelación no repara la relación con tu mamá. No la va a hacer llamarte, ni cambiar, ni pedirte perdón. No tengo forma de mover a alguien que no está en el cuarto.

Lo que cambia, cuando cambia, es tu lugar. Y he visto muchas veces que cuando alguien deja de esperar lo que su madre no puede dar, la relación se afloja sola. No siempre. Pero pasa más de lo que uno creería.

Preguntas que me hacen sobre esto

¿Me van a obligar a perdonarla?

No, y si alguien te ofrece eso, desconfía. Aquí no se perdona por instrucción. Se mira. Lo que hagas después con lo que viste es tuyo.

¿Sirve si mi mamá ya murió?

Sí, y es de lo que más trabajo. Lo que quedó pendiente no se cierra con la muerte.

¿Y si mi mamá me hizo daño de verdad?

Entonces se nombra como daño, con esa palabra. Aquí no se le llama aprendizaje a lo que fue violencia. Si tu caso incluye abuso, es probable que además necesites acompañamiento psicológico, y te lo voy a decir de frente.

Qué puedes hacer ahora

Escríbeme y cuéntame cómo es hoy con tu mamá. Una línea basta. Con eso te digo si esto te sirve.

Los detalles del trabajo uno a uno están en sesiones individuales.

Miguel Contreras López
Constelaciones Familiares en México
De todo lo que se trabaja en esta mesa, lo de la madre es lo que más silencio pide y lo que más alivio deja cuando por fin se pone enfrente.

¿Conoces a alguien a quien esto le esté pasando? Mándaselo.

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