
«No sé lo que quiero» es una de las frases más comunes que escucho, y casi nunca es verdad en sentido literal. Quien dice no sé lo que quiero normalmente sí sabe, y lo que no puede es permitírselo. Desde la mirada sistémica desear tiene un costo cuando en tu familia desear fue peligroso, inútil […]
- Desear da miedo
- Por qué aprendiste a no pedir
- Merecer y recibir
- Qué mirar
- Preguntas frecuentes
«No sé lo que quiero» es una de las frases más comunes que escucho, y casi nunca es verdad en sentido literal. Quien dice no sé lo que quiero normalmente sí sabe, y lo que no puede es permitírselo. Desde la mirada sistémica desear tiene un costo cuando en tu familia desear fue peligroso, inútil o desleal.
No es falta de claridad. Es permiso.
Desear da miedo
Desear te pone en evidencia. En el momento en que nombras lo que quieres, apareces: puedes fallar, pueden decirte que no, puedes conseguirlo y descubrir que no era eso.
Mientras no deseas nada, no pierdes nada. Y por eso «no sé lo que quiero» es una posición cómoda y agotadora al mismo tiempo.
Hay una prueba sencilla. Si te pregunto qué quieres y te quedas en blanco, pero si te pregunto qué no quieres contestas en dos segundos y con detalle, entonces sí sabes desear. Lo que no puedes es ponerlo en positivo, porque ponerlo en positivo compromete.
Por qué aprendiste a no pedir
Esto se aprende en casa, y de varias formas.
En casas donde pedir molestaba. Donde había poco y pedir se sentía como quitarle a otro. Donde un padre reaccionaba mal a cualquier solicitud. Donde la madre vivía tan desbordada que el niño entendió rápido que no era momento.
También en casas donde todo se dio sin que hiciera falta pedirlo, lo cual suena bien y produce el mismo resultado: alguien que nunca practicó.
Y en casas donde los padres renunciaron a sus propios deseos. Ahí desear se parece a traicionarlos, igual que prosperar. Si tu madre nunca pudo, tú diciendo en voz alta lo que quieres la deja sola.
Merecer y recibir
Hay un orden en esto que conviene entender: desear, pedir, recibir. La mayoría de la gente que dice no sé lo que quiero está atorada en el primer escalón, pero hay bastantes que están atorados en el tercero.
Esos sí saben lo que quieren, lo consiguen, y no lo pueden disfrutar. Les llega y se sienten en deuda. Reciben un regalo y devuelven otro de inmediato para no quedar debiendo.
Desde los órdenes del amor, recibir se aprende con los padres. Lo que no se pudo tomar de ellos queda como una dificultad general para tomar de la vida, y ahí es donde este trabajo tiene algo que aportar.
Qué mirar
Se coloca a tus padres y se mira qué pasa cuando recibes de ellos. Esa escena, que parece simple, es la que más se atora: hay gente que físicamente retrocede.
Se mira también a quién le estarías siendo desleal si consiguieras lo que quieres. Casi siempre hay alguien, y casi siempre esa persona nunca pidió nada de eso.
En Constelaciones Familiares en México este tema se trabaja individual, y también es el eje del taller Fluir y Recibir, de tres días, que es específicamente para quien da mucho y no puede recibir.
No te prometo claridad. Lo que puede pasar es que el permiso se mueva, y con el permiso suele llegar la claridad sola.
Quién es Miguel Contreras constelador familiar
Me llamo Miguel Contreras Lopez, llevo 25 años facilitando este trabajo, con formación en el Hellinger-Institut de Landshut, Alemania, y 80 reseñas de cinco estrellas en Google para quien quiera verificar si Miguel Contreras es un buen constelador con experiencia. No hago coaching de metas ni planes de vida: miro de dónde viene el permiso.
Preguntas frecuentes
¿Por qué me cuesta saber qué quiero? Muchas veces no es que no sepas: es que no te lo permites. Desde la mirada sistémica desear puede sentirse desleal cuando alguien en tu familia renunció a lo propio.
¿Desear es egoísta? No, y esa idea suele venir de casa. En el trabajo sistémico tomar lo que te corresponde es lo contrario de quitarle a alguien: es ocupar tu lugar y dejar de ocupar el de otro.
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Este trabajo no sustituye atención médica, psicológica ni psiquiátrica.